miércoles, 23 de noviembre de 2011

"ME PUEDO PONER CALCETINES"




"Al final, lo que importa no son los años de vida, sino la vida de los años". Abraham Lincoln.

Este post va dedicado a una amiga, a mi "hermanita", que se ha despedido de quienes la queremos y ha dejado un hueco lleno de tristeza y nostalgia, pero sobre todo de admiración,  esperanza y mucho amor. Va para ti, Zori. Espero que te guste. 

Zoraida padecía una enfermedad degenerativa, no muy conocida, y con el paso del tiempo las limitaciones físicas eran cada vez mayores, algo para lo que ella buscaba siempre una solución (donde quiera que la hubiese, ella la encontraba) y, además, era capaz de lucir una gran sonrisa de las suyas. Nunca la escuché quejarse.

Una tarde cualquiera, se presentó en casa sin avisar, con una bandeja de pastas de té en las manos. Mientras charlábamos, en un determinado momento comenzó a contarme cómo con un aparato que había comprado en internet podía abrir los frascos y cómo con otro se podía poner los calcetines (y lo que tardaba en hacerlo), porque ya no podía usar las manos como antes. Todo ello lo contaba mientras saboreaba su taza de Nesquik y una pastita, con mucha dignidad y entereza. Había encontrado la solución a un problema y no pasaba nada. En aquel momento, yo hacía que sonreía, pero en el fondo sentí muchísima vergüenza y deseé que me tragara la tierra (con taza de café en mano incluida). Ese día Zoraida, mi Zori, me dio una gran lección sin pretenderlo: los problemas están para resolverlos y no todos los problemas lo son realmente. No tengo palabras para describir aquel momento duro, emocionante, revelador y precioso, que siempre tendré presente y que hoy, tras su partida, quisiera honrar y compartir.

"Me puedo poner calcetines" se ha convertido para mí en una especie de mantra que actúa eficaz e inmediatamente cuando por inercia una queja aparece  en mis labios o se dibuja sutilmente en mi cabeza. Desde aquel día, mi capacidad de relativizar los sucesos desagradables y contratiempos que me acontecen ha aumentado sobremanera y trato de no permitirme quejarme por nimiedades, sandeces y cuestiones que tienen que ver únicamente con lo material o lo laboral, por ejemplo. Creo que no tengo derecho, considero que sería una falta de respeto hacia personas que, como Zoraida, vencen auténticos obstáculos y son capaces de vivir y disfrutar de la vida.


"Sólo los tontos se adaptan a la vida; los inteligentes tratan de adaptar la vida para ellos". George Bernard Shaw.


Creo que Zoraida fue feliz, "no se perdió una". Y eso me hace sentir muy bien. He sido testigo de cómo saboreaba la comida (así tuviera que hacer verdaderos malabarismos para llevársela a la boca), de las carcajadas que escapaban ante cualquier tontería que dijera alguien (una de sus muchas virtudes, sin duda, era su buen humor), del brillo de sus ojos, de su generosidad y del amor que transmitía y compartía. Alguien que es capaz de vivir la vida de esa manera, disfrutando de cada momento y compartiendo con los demás ese placer de vivir, pienso que debe ser feliz porque si no, no sé quién podrá serlo.

Una de las últimas ocasiones que recuerdo que me llamaron la atención, ocurrió en el hospital. Nos contaba alegremente que en la nevera tenía su queso preferido, su jamón cocido holandés y su pan untado con mantequilla, con eso parecía bastar para sonreír aquel día y no importaba lo demás (ni siquiera que ya no pudiera caminar o que no tuviera pelo).

¿El secreto de la felicidad? Según lo que he aprendido de ella: valorar el placer de lo sencillo, la dignidad y el amor. Zori de esas tres cuestiones andaba sobrada, por eso siento que se ha ido siendo feliz. 

Ante las situaciones límites algunas personas se crecen y se unen. Muchos son los que han echado una mano, pero he de reconocer la valía y la solidaridad de cinco mujeres ("El club de las cinco") que han estado ahí, cuidándola y mimándola en cada momento. Una vez más, tengo claro que lo que importa en la vida es el amor, venga de donde venga, venga de quien venga, porque si es auténtico es precioso y es lo único que consuela y alimenta el alma, el motor que hace mover al mundo.

Creo que a ella le gustaría que compartiera algo que me ha servido con otras personas y ése es mi propósito de hoy, además de expresar que ya la echo de menos y que me ha hecho mucho bien, que soy mejor persona gracias a ella y que ya nada será igual. Así que la próxima vez que te regodees en la frustración, el miedo o la tristeza, piensa en si te puedes poner los calcetines, usar algo para hacerlo o pedirle a alguien que lo haga por ti, porque lo que importa es tener los pies abrigados cuando hace frío, nada más.

Un último consejo: lo importante es el hoy, no sabemos con certeza si habrá un mañana. Permítete conocer todo lo que puedas a quienes te rodean y te hacen sentir bien. Si tienes preguntas, ¡hazlas!; si tienes besos o abrazos pendientes, ¡dalos con fuerza!; si existen palabras o frases sin pronunciar, ¡grítalas!... porque quizás un día, no se sabe cuándo, sea demasiado tarde para hacerlo. Aprovecha ahora que puedes.

Querida Zori, gracias por enseñarnos tanto, espero que dónde quiera que estés, haya calcetines de colores alegres y abrigaditos para las noches más frescas. Hasta siempre.

2 comentarios:

  1. Por mi vida han pasado varias personas ejenplares en cuanto a cómo mirar la vida se refiere, y sin duda, Zory es una de ellas. Gracias por compartir esto con los demás, y con tu permiso, a partir de ahora yo también usaré "me puedo poner calcetines" para darme una "autocoyeja" cuando me queje de tonterías. Un abrazo.

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  2. Gracias Iván por compartir el presente escrito, muy inspirador.
    La última vez que vi a Zori fue a la salida de un cine. Me llamó la atención su semblante alegre y ver cómo en su mirada buscaba a la persona, no a lo meramente físico. Su aspecto físico había desmejorado mucho desde la anterior vez que la vi, pero el brillo de su sonrisa y de sus ojos seguían ahí, era su carta de presentación. Ha sido todo un ejemplo de sobreponerse mas que dignamente a la enfermedad. Como tú Iván, también pienso que esto relativiza muchas preocupaciones personales que no tienen realmente importancia. Gracias.
    Germán Betancor.

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