jueves, 21 de julio de 2011

Comunicación eficaz: la asertividad



La asertividad es una cuestión de dignidad y defensa de los derechos personales.

Ser asertivos es sinónimo de certeza, seguridad y firmeza.


Las habilidades sociales incluyen lo que se denomina la conducta asertiva, que consiste en “la conducta que permite que una persona actúe según sus intereses más importantes, defenderse sin ansiedad inadecuada o innecesaria, expresar cómodamente sentimientos, pensamientos y opiniones de forma honesta y ejercer los derechos personales sin negar los derechos de los demás”. A través de la conducta asertiva o asertividad se expresan los gustos e intereses de forma natural y espontánea, se habla sin rodeos y sin sentirse cohibido o alterado en exceso, se aceptan cumplidos sin sentirse incómodo, se discrepa abiertamente sin herir ni molestar, se piden aclaraciones sin notarse sobreexcitado  y sin percibir al otro como un enemigos, y se puede decir sí o no tranquilamente, según convenga.

La asertividad se puede definir como la habilidad personal para encontrar las palabras adecuadas que permitan decir las cosas en el momento preciso y de la forma correcta. Consiste, pues, en saber defender nuestros derechos sin atentar contra los derechos de los demás. Es una herramienta muy útil para mejorar nuestras relaciones interpersonales y constituye, junto con la empatía y la escucha activa (de las que ya hemos hablado en anteriores posts), uno de los pilares sobre los que descansa la comunicación eficaz.

Las personas asertivas poseen la habilidad de escuchar activamente, de manifestar de forma clara, contundente y educada sus puntos de vista y de proponer alternativas inteligentes a los demás, contribuyendo a la resolución de conflictos y a la mejora de las relaciones interpersonales. Son personas que saben pedir, decir no y negociar en múltiples situaciones sociales y, además, son personas flexibles a la hora de conseguir aquello que se proponen, porque respetan los derechos de los demás y son capaces de tolerar la posible frustración que les generen las quejas o críticas que se les haga y los obstáculos a los que tengan que enfrentarse.

No se nace siendo asertivo. El estilo de comunicación que tengamos será el resultado de la interacción de múltiples factores (educación recibida, entorno, experiencias de la vida, etc.), es decir que se aprende. La asertividad es una destreza, podemos aprender a ser asertivos en nuestras relaciones y en las diferentes áreas vitales.  Adquirir y potenciar esta habilidad requiere de un esfuerzo y constancia diarios: es un trabajo personal.

Cuando aprendemos a ser asertivos, rápidamente descubrimos los beneficios que nos reporta en el día a día. Aumenta el respeto hacia nosotros mismos, reforzando nuestra autoconfianza, y mejora nuestra "posición social", asegurándonos una aceptación y respeto reales por parte de quienes nos rodean. Y es que la asertividad tiene mucho que ver con el respeto a uno mismo, con la honestidad. Cuando decimos "sí" en lugar de decir "no", de algún modo nos estamos faltando el respeto y estamos "falseando" la realidad ante el otro. Si nos mostramos como alguien excesivamente complaciente , muy probablemente seremos presa de personas que pretendan aprovecharse de nuestra docilidad. Por el contrario, si tendemos a mostrarnos como alguien defensivo y malhumorado, los otros tenderán a percibirnos como una persona non grata y se alejarán.

La conducta asertiva no impide que tengamos conflictos, pero sí que los minimiza y nos permite manejarlos eficazmente si surgen.

Una persona puede tener un estilo agresivo en su trabajo pero luego ser pasivo o sumiso en casa respecto a su pareja, o viceversa. Es importante trabajar la conducta asertiva en general, en todas las áreas, haciendo especial hincapié en aquellas en las que más dificultades tengamos.

Quizás la razón principal por la que las personas no somos o dejamos de ser asertivas, sea el pensar que no tenemos derecho a tener nuestras propias creencias, opiniones, sentimientos y valores. A eso se suma el miedo al posible rechazo de los demás o al posible conflicto. En este sentido, el entrenamiento asertivo consiste en enseñar a las personas a defender sus derechos ante situaciones que puedan ser injustas o que puedan vulnerar sus derechos personales. Derribando esas falsas creencias o “solucionando” esos sentimientos de infravaloración y de temor al rechazo, a caer mal o a los conflictos que se pueden generar, podremos practicar y reforzar esta habilidad terapéutica y disfrutar de sus beneficios.

En conclusión:

La asertividad es la libertad de expresarse sin hacer daño a los demás y sin hacérnoslo a nosotros mismos. Las personas que practican la conducta asertiva son personas mucho más seguras de sí mismas, con mejor autoconcepto y una autoestima sana, se comunican mejor, disfrutan de mayor tranquilidad y se manejan más eficazmente en las relaciones y ante los conflictos interpersonales, son más honestas y directas. Nos permite decir sí o decir no, expresar nuestros intereses, opiniones, rebelar nuestros sentimientos a los otros, expresar desacuerdos sin dejarnos manipular y sin manipular nosotros a los demás.

La conducta asertiva no presenta desventaja alguna y sí grandes beneficios. Es una característica de la personalidad que promueve una autoestima sana, y contribuye al desarrollo de relaciones interpersonales positivas.

1 comentario: