miércoles, 6 de julio de 2011

¿Cómo convencer a alguien para visitar a un/a psicólogo/a?


"El pesar oculto, como un horno cerrado, quema el corazón hasta reducirlo en cenizas."
W. SHAKESPEARE.

"Yo no necesito un psicólogo", "yo no estoy loco", "los psicólogos no sirven para nada", "ya tengo a mis amigos para hablar y es gratis", etc., son las típicas respuestas que se reciben por parte de alguien reacio a consultar a un profesional de la Psicología cuando una persona cercana intenta convencerles en pro de acudir a consulta. Estas personas se muestran defensivas y se niegan a dejarse ayudar porque suelen tener una imagen errónea de los/as psicólogos/as.

Ir al psicólogo ha estado envuelto en prejuicios o ideas negativas relacionadas con la locura, la inferioridad o la incapacidad para resolver los problemas. Cualquier persona puede necesitar la ayuda de un profesional de la Psicología y solicitar orientación respecto a un determinado problema, al igual que se requiere asesoramiento legal, económico o médico por parte de los profesionales de dichas áreas. Por suerte, actualmente estos prejuicios se están venciendo y el psicólogo está contemplado como cualquier otro profesional de la salud.

"¿Cómo le convenzo para ir?", "¿debo obligarle?"... Es una duda frecuente que, ante tantas negativas recibidas, se convierte en preocupación, frustración, rabia e impotencia, ansiedad e incluso puede acabar en rechazo a la persona que necesita la ayuda.

Engañar a la persona no es una buena opción.  Presentarse en la consulta de un profesional habiendo sido engañado puede ser muy desagradable para todos los implicados y podría reafirmar la postura negativa inicial de la persona. La persona debe estar informada. Su compromiso será básico a la hora de establecer una correcta alianza terapéutica con el profesional. Sin dicho compromiso, la mejoría difícilmente sería posible.

Pautas a la hora de convencer a la persona:

- Buscar el lugar y el momento adecuados para abordar el tema. Conversar tranquilamente, mostrando comprensión y cariño. Tratar de hacer entender a la persona lo importante que resulta pedir ayuda y los beneficios que ello podría suponer no sólo para sí misma sino también para los demás. En ocasiones, nos preocupamos más por el daño que nuestras conductas y actitudes provocan en los demás y no tanto en aquel que nos generamos a nosotros mismos. Es importante conseguir que la persona empatice con nosotros, que se ponga en nuestro lugar. Para empatizar, es preciso mencionar cómo nos sentimos ante lo que está sucediendo ("me preocupas...", "me duele ver que...", "me siento impotente cuando te veo así...", etc.). En definitiva, la persona debe de asumir que la ayuda que reciba no sólo le favorecerá a sí misma, sino que también mejorará su relación con las demás personas significativas e influirá positivamente en las diferentes áreas principales de la vida (familiar, académica, laboral, etc.).

- No condenar al otro: no insultar, descalificar o etiquetar a la persona. Hablaremos en todo momento de conductas y actitudes, siendo justos, concretos y neutros, sin entrar a valorar a la persona en su globalidad. Evitaremos frases tales como "eres un desastre", "eres mala persona", "eres un tremendo egoísta", etc. En lugar de esto, trataremos de ponerle delante conductas, actitudes y hábitos que consideramos negativos o desadaptativos para la persona y quienes le rodean y estiman. No es aconsejable ni siquiera recurrir a comentarios denigrantes u ofensivos con la intención de "impactar o retar al otro". Nuestro objetivo es motivar y no hacer daño.

- Aprovechar los momentos en los que la persona pueda sentirse mal y reconocer que tiene un problema. En ese momento, tendremos más capacidad de persuasión. Es importante ser rápidos si la ocasión se da y concertar una cita con la mayor brevedad posible. Si dejamos que el tiempo pase, la persona volverá a sentirse falsamente segura o tranquila y retomará la actitud defensiva y negativa ante la posible ayuda.

- Charlar haciéndole ver que acudir a un psicólogo no tiene nada que ver con estar loco o con ser inferior o débil. Simplemente se trata de una persona formada y capaz de ayudarle y orientarle en cuanto a la solución de un determinado problema. El/la psicólogo/a plantea diferentes alternativas o fórmulas, en ningún momento juzga, manipula o coarta la libertad del otro.

- Centrarnos en el primer paso. Nuestro objetivo inicial sólo debe ser conseguir que esa persona acuda a una primera cita (no plantearnos ni siquiera una terapia al uso, un tratamiento, determinados números de sesiones, etc.). Si a alguien con dificultades para asumir ayuda se le presenta un camino demasiado largo, lo más probable es que rechace la posibilidad.

- Hacerle ver que no pierde nada por acudir la primera vez. Si el profesional no es de su agrado se podría buscar otro.

- Quizás tengamos que insistir y tener este tipo de conversación varias veces. La persona necesitará un tiempo y reflexionar sobre ello. No debemos presionar o agobiar, pero sí podemos insistir, siempre optando por el lugar y momento adecuados. 

- Ofrecerle la posibilidad de acompañarle o respetarle si su deseo es ir solo/a.

- Si el problema es grave y perjudica seriamente a otros, podemos optar por recurrir a la vía legal (denunciar la situación) o poner un ultimátum a la persona si esta no parece querer cambiar (ruptura de la relación de pareja, pérdida de un trabajo, decirle que se vaya de casa, etc.). Estamos hablando, por ejemplo, de casos como la violencia física o psicológica, el abuso, robos y/o conductas que afecten de manera relevante a la convivencia o a la integridad de terceros. 

En definitiva:

- Mostrar paciencia y comprensión.

- No presionar.

- Hacerle ver los posibles beneficios.

- Establecer y fomentar la empatía, hablándole de nuestros sentimientos.

- No descalificar, hablar de conductas concretas y no de la persona en su globalidad.

- Aprovechar los momentos "bajos".

- Identificar aquello que verdaderamente le importe a la persona.

- Un/a psicólogo/a no sólo trata a personas con problemas mentales serios o trastornos, sino también a personas que simplemente presentan un problema determinado que les afecta, personas que quieren superar ciertas dificultades, conocerse y mejorar su calidad de vida, aprender nuevas estrategias para solucionar sus conflictos, etc.

- No se le dirá lo que tiene que hacer sino lo que podría hacer (se ofrecen alternativas no se exige un cambio ni se pretende controlar o cambiar a alguien).

- La propia persona es la única responsable de sí misma y de sus actos, será la que tomará las decisiones en todo momento.






1 comentario:

  1. Saludos Ivàn, La empatìa o simpatía es la vía más propicia para abordar al que necesita la ayuda psicología. Hacer que se sienta bien el futuro paciente, conlleva a la generación de confianza(y ese es un paso fundamental) para que éste pueda descargar parte de lo que por dentro lo aqueja y lo atormenta(la carga emocional) Parafraseando una canción: "no es una carga;es mi hermano". Si asì lo encaramos,estarìamos dando un paso exponencial para lograr que el afectado acceda a visitar al profesional en psicología...Ivàn este es mi correo:.elpoetaargenis@hotmail.com ....Grcias amigo ..escrìbeme.

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